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Testimonio de Mari Carmen

 

Nací en 1965 en el seno de una familia trabajadora, tuve una infancia bastante feliz, no me faltó cariño, ni amor de mis padres y familia.

Estudié en un colegio religioso, allí fueron sembrando la semilla de Dios en mi corazón, y buenos valores a la sombra de San José de Calasanz y Paula Montalt (los fundadores de las Escolapias).

Pero no fue hasta 1981, en una Asamblea Nacional de la Renovación Carismática Católica en Madrid, donde tuve una experiencia de Dios desbordante. Descubrí a un Dios VIVO, cercano, a la vez poderoso, capaz de hacer milagros, sanar a los enfermos, no sólo de enfermedades interiores (del alma, etc…) sino, también, de enfermedades físicas, que yo misma pude ver y contemplar. Si me lo hubieran contado no lo hubiera creído, pero tuve la gracia de vivir esta experiencia y ser testigo de su acción y presencia viva en medio de su pueblo.

A partir de ahí, me ha acompañado SIEMPRE y hasta el día de hoy.

En este camino, ha ido sanando mi corazón, iluminando mi camino, me ha descubierto a María (como mi madre, amiga, hermana,….), también me ha mostrado la importancia de los sacramentos, la oración, la comunidad, la Palabra de Dios ¡¡¡y tantas y tantas cosas que no podría enumerar!!!

En todo este tiempo juntos, me ha ido preparando, disponiendo el corazón y la vida, para poder responder a su llamada a evangelizar, a llevar su Palabra hasta los confines de la tierra.

Una vez le pregunté: Señor, ¿qué misión tengo en la vida? Y me respondió:

(Mc.16, 15-18) ”Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación…”


Y hoy le sigo respondiendo como María: ¡Hágase en mí según tu Palabra!